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Rocío Pérez Lobato. Psicóloga de ISEP Clínic Granada

En estas fechas, algunos de vosotros estaréis a punto de comenzar vuestras vacaciones, otros estaréis disfrutando de ellas, y puede que para otros ya comience “la vuelta al trabajo”. Para algunas de estas personas, puede aparecer el malestar que produce adaptarse y volver a las dinámicas laborales, lo que comúnmente denominaríamos como síndrome post-vacacional. Más allá de este malestar puntual, algunas personas sienten un profundo desánimo, cansancio y desilusión. Algunos de estos síntomas pueden ser la expresión del denominado Síndrome de Burnout o “estar quemado”.

En los últimos años se ha popularizado la expresión “estar quemado”, llegando a utilizarse en muchas ocasiones de una forma imprecisa. Su categorización y difusión como síndrome se debe principalmente a Cristina Maslach (1977), quien lo conceptualiza como una respuesta a un estrés emocional crónico caracterizado por agotamiento físico y psicológico, actitud fría y despersonalizada en la relación con los demás y sentimiento de inadecuación a las tareas que se han de desarrollar. Conviene no confundir estrés con patología ya que tener estrés en muchas fases de nuestra vida es algo normal e inevitable, lo que no lo será es que esto se vuelva algo crónico y constante y muchas veces independiente de la carga de trabajo a la que nos sometan.

Es importante clarificar que el Síndrome de Burnout como tal no ha sido clasificado como un trastorno según el DSM- V, aunque normalmente se valora y se conceptualiza como una forma inadecuada de afrontar el estrés laboral.

El síndrome se manifiesta en los siguientes aspectos:

Psicosomáticos: la persona se siente muy cansada, exhausta, consumida, y tiene poca energía, con frecuentes dolores de cabeza, problemas de sueño, úlceras, pérdida de peso, dolores musculares, etc.

Conductuales: absentismo laboral, incapacidad para vivir de forma relajada, abuso de drogas (café, tabaco, alcohol, fármacos, etc.), enfriamiento y superficialidad en el contacto con los demás, comportamientos de alto riesgo, aumento de conductas violentas.

Emocionales: distanciamiento afectivo, aburrimiento y actitud cínica, impaciencia e irritabilidad, sentimiento de omnipotencia, desorientación, incapacidad de concentración. Existe una pérdida o desgaste de los recursos emocionales, desarrollando síntomas de ansiedad y depresión. Generalmente se asocia con una baja autoestima laboral.

En ambiente laboral: detrimento de la capacidad de trabajo y de la calidad de los servicios que se presta a los clientes, mostrando una actitud de indiferencia (distancia, frialdad, apatía o de no implicación) y hostilidad (se siente irritado o con actitudes negativas y desaprensivas). Hay una tendencia a evaluar el propio trabajo de forma negativa, con bajas expectativas y motivación por el trabajo.

¿Qué causa el síndrome?

El origen está en la interacción del trabajador y sus estrategias para afrontar el estrés, con una serie de condiciones laborales de riesgo que pueden dar lugar a que el trabajador acabe quemado ocasionándole problemas de salud como consecuencia del mantenimiento prolongado de esta situación.

Algunos de los factores que potencian este estrés crónico son: jornadas de trabajo interminables con horarios no delimitados, excesiva carga de trabajo durante un prolongado espacio temporal, el ambiente laboral no cambia en largos periodos de tiempo y la remuneración económica es inadecuada. El desgaste ocupacional también sucede por las inconformidades con los compañeros y superiores, expectativas desajustadas del trabajador, estrategias del trabajador inadecuadas ante altas cargas laborales, expectativas desajustadas por parte de la empresa que el trabajador interioriza y trata de llevar a cabo viendo un potencial peligro en no hacerlo de este modo, cuando se trata a la persona de manera incorrecta, y cuando el clima laboral no es el más adecuado.

Además, existe lo que podemos llamar una vulnerabilidad predisponente que está representada por los siguientes factores: la edad, el nivel de estudios, el estado continuo de preocupación y tensión, personas con tendencia a la responsabilidad, dificultades respecto a acontecimientos exteriores (externas al trabajo), falta de eficacia, poca resistencia al estrés, así como falta de apoyo social y pocos recursos psicológicos para afrontar situaciones difíciles. Se da con bastante frecuencia en los profesionales que mantienen una relación constante y directa con otras personas, de carácter intenso y/o duradero que se ven en la obligación de resolver los problemas que la población les plantea. De esta forma, es frecuente encontrarlo en personal sanitario (médicos, enfermeras/os, psicólogas/os, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, etc.), en docentes o en la administración pública (policías, bomberos, etc.). En la conceptualización de Cristina Maslach se menciona que este síndrome se manifiesta exclusivamente en personas que se dedican a labores asistenciales (o de ayuda). Sin embargo, actualmente el Burnout se relaciona con trabajos de distintos ámbitos y no sólo con profesiones de ayuda.

¿Cuál es el tratamiento más adecuado?

Habría que intervenir sobre los síntomas concretos (que en muchas ocasiones dependen de la fase de desarrollo del problema), por ejemplo: síntomas de ansiedad o de depresión. Además suele ser necesario trabajar la autoestima.

En líneas generales se realiza una intervención en:

  • Realizar una explicación del síndrome del Burnout para poder conocerlo, saber cómo se ha originado, cómo se mantiene y cuáles son los síntomas que produce.

  • Analizar y cuestionar las reglas y valoraciones personales que pueden llevar a la persona a no desconectar de su trabajo.

  • Formar en la identificación y resolución de problemas. Trabajar unas expectativas ajustadas para cada tarea.

  • Entrenar en el manejo de la ansiedad y el estrés en situaciones inevitables de relación con el usuario.

  • Entrenamiento en el manejo de la distancia emocional con el usuario, manteniendo un equilibrio entre la sobreimplicación y la indiferencia (sobre todo cuando se trabaja con enfermos, o personas que sufren).

  • Aumentar los recursos o habilidades comunicativas y de negociación.

  • Lograr un equilibrio entre tiempo de ocio y tiempo laboral, desconectando en los momentos de ocio.

El Síndrome del trabajador quemado afecta cada vez a más personas empeorando con el tiempo si no es tratado adecuadamente. No dudes en consultarnos y realizaremos una evaluación para tratar de identificar si existe un problema y en tal caso poder ayudarte a resolverlo.

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