La toma de decisiones en tiempos del Covid-19

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Noemí Fernández Cuevas. Psicóloga de ISEP Clínic Granada

Estamos viviendo tiempos extraños que nos exigen un elevado esfuerzo de adaptación a todos. Nuevos peligros y nuevas normas para hacerles frente, que ponen de manifiesto la dificultad del ser humano para seguir aquellas reglas que, por algún motivo, entran en conflicto con sus intereses. Sin embargo, si analizamos el comportamiento de la gente desde el comienzo de la pandemia, nos daremos cuenta de que los niños (que no los adolescentes y los jóvenes) quizás sean los que mejor hayan llevado la situación y los que mejor cumplan las normas establecidas.

¿Por qué? Intentaremos darle una explicación a esto.

El proceso de toma de decisiones es un proceso que se lleva a cabo en el córtex prefrontal ventromedial, el cual tiene conexiones con el sistema límbico que es el encargado del procesamiento de las emociones. Al contrario de lo que se creyó durante años, la toma de decisiones no es un proceso “frío” en el que uno sopesa pros y contras en función de determinadas consecuencias sin más, sino que se trata de un proceso en el que las emociones juegan un papel muy importante.

Damasio postuló la teoría del Marcador Somático para explicar en cierta medida la toma de decisiones y su relación con las emociones. El razonamiento y la toma de decisiones dependen del conocimiento que tenemos sobre las situaciones y las opciones de que disponemos, es decir de nuestra experiencia previa de aquello sobre lo que vamos a decidir. Ante situaciones novedosas (como puede ser la que estamos viviendo en la actualidad), tiramos de experiencias similares ya que no disponemos de información real sobre la situación actual. El término Marcador somático hace referencia a que las emociones que sentimos ante algo se reflejan en nuestro cuerpo mediante algún tipo de señal fisiológica, endocrina, etc, y nos marcan la ruta a seguir (la decisión a tomar). Según las reacciones emocionales que hayamos tenido (positivas o negativas) tras tomar decisiones anteriormente, generaremos reacciones positivas o negativas a una situación y tomaremos nuestra decisión en función de dichas reacciones. En situaciones con un componente social, ético o moral que generan una elevada incertidumbre, el marcador somático nos ayuda a tomar las decisiones, ya que se generarán cambios fisiológicos que serán señales inconscientes que nos llevarán a decidir una u otra cosa.

Tirapu, Muñoz – Céspedes y Pelegrín postularon un modelo integrador de la toma de decisiones, donde el SAS (Sistema Atencional Supervisor) y la Memoria de Trabajo, ambos sistemas de las llamadas Funciones Ejecutivas, crean diferentes posibilidades de elección para que el marcador somático vaya forzando la atención hacia una de ellas y nos vayan dirigiendo inconscientemente hacia la toma de decisiones.

Resumiendo, ante situaciones novedosas, tiramos del baúl de los recuerdos para extraer información de las experiencias previas similares que tenemos acerca de lo que nos está sucediendo y en función de cómo nos hayan hecho sentir dichas situaciones así vamos a reaccionar. Aquí se presenta un problema y es que cuanto mejor funcionen nuestras funciones ejecutivas a la hora de seleccionar las posibilidades de elección mejor tomaremos las decisiones, y cuantas más experiencias previas similares tengamos, más información emocional que nos guíe y viceversa.

Los niños y adolescentes no tienen tanta experiencia previa ni tampoco tienen sus funciones ejecutivas totalmente desarrolladas ya que se considera que terminan de consolidarse alrededor de los 25 años, por lo que su toma de decisiones es a veces bastante errada y de ahí que necesiten de la supervisión de los adultos. Sin embargo, y a mi entender, hay una diferencia clara entre los niños y adolescentes que hace que en esta pandemia los primeros respondan mucho mejor que los segundos, y es que los niños, debido a su menor nivel de desarrollo están más acostumbrados a seguir normas y reglas sin tanto cuestionamiento, porque además esa falta de experiencia previa les hace estar más libres de equipaje a la hora de enfrentarse a las situaciones y por eso se adaptan mucho mejor.

En el caso de los adolescentes sabemos que sus hormonas hacen que tengan las emociones más a flor de piel y por tanto se dejen llevar más por ellas que los niños o los adultos, y su percepción de los riesgos está algo desajustada. Pero, ¿y qué pasa con los adultos que no siguen las normas que establece el Ministerio de Sanidad? ¿Tantos adultos tienen problemas en sus funciones ejecutivas?

Si atendemos a todo lo explicado anteriormente al respecto de la toma de decisiones, creo que aquí juegan un importante papel dos cuestiones: una, la naturaleza social del ser humano y dos, el tiempo que pasamos confinados. En primer lugar el ser humano es inherentemente un ser social que necesita del contacto con los otros y todos disponemos en nuestra experiencia de cientos de situaciones sociales gratificantes que hacen que a la hora de tomar la decisión de relacionarnos socialmente o no, en la mayoría de los casos salga ganando la decisión de salir a relacionarnos. A esto se le suma el hecho de haber estado recluídos y sin contacto social durante tres meses, lo cual nos ha colocado en una situación de deprivación social que ha hecho que nuestro cerebro esté más ávido de experiencias sociales que en otras ocasiones.

Necesitábamos nuestro chute social para sentirnos bien tras una situación de miedo e incertidumbre. Así, cuando se nos presenta un plan social gratificante, nuestro cerebro ignora las advertencias y las posibles consecuencias negativas (que recordemos, no hemos vivido en primera persona), para dar preferencia a la posibilidad de vivir una experiencia gratificante similar a las vividas en ocasiones anteriores.

Todo esto simplemente es un intento de dar una explicación a los comportamientos que la gente exhibe en las últimas semanas, pero para nada es una justificación para llevarlos a cabo. Quizás sea necesario que cuando veamos las noticias y los datos de la crónica negra del Covid – 19 no los pasemos por alto, no cambiemos de canal, sino que nos tomemos un tiempo de reflexión que nos ayude a incorporar a nuestra experiencia esa otra parte de la realidad que nos haga tomar conciencia sin necesidad de tener que vivir las consecuencias negativas de no haber procesado mejor la situación que estamos viviendo.

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