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Rocío Pérez Lobato. Psicóloga de ISEP Clínic Granada

Los pensamientos son un producto natural de nuestra mente. Los seres humanos tenemos esa capacidad: pensar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor e incluso pensar sobre nuestros pensamientos. Dependiendo del que aparezca en ese momento (positivo, negativo, evaluativo, inferencial…), podremos sentirnos de una forma u otra y actuar en consecuencia. En la mayoría de las ocasiones, las emociones son prisioneras de nuestros pensamientos e independientes, en gran medida, de aquello que acontece en nuestras vidas.

Tenemos un miedo terrible a experimentar sensaciones negativas. Para evitarlas, bien huimos de los problemas que creemos erróneamente las provocan o, sencillamente, evitamos pensar para de esta forma librarnos del sufrimiento. Muchas veces nos gustaría “limpiar” nuestra mente de pensamientos negativos y dejar sólo los positivos. Caemos en la tentación de obligar a esos pensamientos a salir de nuestra cabeza, entrando en lucha con ellos, para ver quién es más poderoso, quién gana esta batalla. Pero cuando nos queremos dar cuenta estamos luchando contra nosotros mismos, y no estás yendo a ninguna parte.

Luchar contra esos pensamientos negativos en realidad puede reforzar ese patrón de pensamiento empeorando las cosas. Cuanto más se intenta no pensar en algo, más se termina pensando en ello. Si le doy importancia por el hecho de que aparezca en mi mente, el pensamiento negativo puede llegar a convertirse en un hábito peligroso.

¿Y si pudiésemos hacer algo distinto en vez de luchar?

Vamos a proponer algunas claves que podríamos tener en cuenta para ello:

1. Se consciente del lenguaje que utilizas

¿Qué ocurre si te digo: “no pienses en un elefante rosa”?

¿Qué acaba de aparecer en tu mente? Un elefante, ¿verdad? Lo que ocurre es que el lenguaje tiene un poder enorme sobre los pensamientos y emociones y el hecho de que una palabra vaya precedida de una negación “No pienses en…” no provoca que dejemos de pensar en ello, sino al contrario. ¿Cuántas veces le has dicho a un amigo que acaba de atravesar una ruptura sentimental una frase del estilo “no pienses más en ella”? Probablemente algunas. ¿Y cuántas de esas veces habrás conseguido realmente que no lo haga? Seguramente ninguna.

Esto tiene que ver con el efecto rebote: cuando la mente quiere “NO pensar” en algo, bien sea porque le hace sentir mal o porque no lo quiere hacer consciente, ésta hace todo lo contrario, ¿por qué? para negar algo, primero tengo que pensar en ese algo. Así, esto ya hace que la imagen o la palabra que quiero evitar irrumpa en la mente. Por lo tanto, la atención y el miedo a que vuelva a aparecer están asegurados, y hay mayor probabilidad de que ese pensamiento vuelva a nosotros.

2. Expresa lo que pasa por tu mente o cómo te sientes

Una vez hayamos observado lo que pasa por nuestra mente, escribe, dibuja o pinta tus pensamientos. Es una forma de “sacarlos” fuera y generar esa distancia entre tú y tus pensamientos. Además, escribir nos puede servir como una válvula de escape necesaria para amortiguar las tensiones de la vida diaria, te ayuda además a re-experimentar los acontecimientos en un ambiente seguro, donde podrás procesarlos sin miedo o estrés. También nos sirve el quedar con alguien y contarle cómo estoy, expresando lo que pasa por mi mente, me parezca más agradable o menos.

3. Des- identifícate de tus pensamientos sin juzgarlos

Esto se consigue teniendo claro que nosotros no somos nuestros pensamientos; es decir, tenemos que distanciarnos de ellos, tomar perspectiva. El hecho de que pienses algo no significa que en realidad estés de acuerdo con esa idea o que ésta sea real. Simplemente, son un producto mental que ahora mismo está delante tuyo y tienes la posibilidad de elegir qué haces con él: si quieres entrar y crear una cadena de pensamientos negativos e invertir ahí tu tiempo, o por el contrario decides no entrar a darle una respuesta, a no cuestionar por qué piensas lo que piensas y a decidir qué otra cosa quieres hacer.

Para conseguir dejar en un segundo plano los pensamientos negativos la estrategia no es huir de ellos, enfadarnos con ellos o luchar en su contra. La clave está en dejar ahí esos pensamientos, aunque puedan dar vueltas en nuestra cabeza, observar que existen pero sin juzgarlos. Recuerda que cuanto más los critiques, más importancia les estás dando y tu cerebro te los recordará con frecuencia porque le dijiste que eran importantes.

4. Cambia el foco de tus pensamientos:

En vez de decir “No puedo más”, podemos decir: “Un intento más”. En lugar de “No quiero sentirme así”, “¿Qué me quiere decir esta emoción?”.

Cambiar el foco de nuestro pensamiento, y la forma de decirlo nos permite una organización mental de lo que queremos conseguir, y hacia dónde queremos llegar. Si al principio nos cuesta redirigir nuestro pensamiento podemos ayudarnos de acciones más sencillas como desviar la atención hacia algo distinto a lo que estamos pensando: una canción, colorear una mandala, salir a dar un paseo y fijarnos en lo que vemos, etc. Cualquier cosa que rompa la tendencia a seguir anclados en la negatividad nos sirve.

5. Recuerda qué objetivos tienes en tu vida

Escribe una lista de las cosas que te importan, y que a corto plazo te gustaría conseguir. Coloca esa lista en un lugar visible, y cuando veas que estás cayendo en la tentación de luchar contra tus pensamientos o de dejarte llevar por su contenido, párate y recuerda lo que para ti es importante y pregúntate: ¿continuar deteniéndome en ese pensamiento me aleja o me acerca a lo que yo quiero conseguir?

6. Practica la relajación

Cuando tenemos la mente a mil revoluciones y sentimos que es muy difícil pararse a observar o a expresar cómo estoy, es conveniente que paremos y nos relajemos unos minutos.

Bastarán solo 10 ó 15 minutos. Sitúate en un espacio en casa donde puedas estar en silencio y tranquilo. Siéntate en el suelo o en una silla, manteniendo la espalda erguida, pero sin tensión.

Focaliza tu mirada en un punto. Puede ayudarte encender una vela o fijarte en algún elemento de la pared. Inspira y espira por la nariz, de forma pausada y natural. Fíjate en cómo el aire va entrando y saliendo por tus fosas nasales. Cuando aparezca un pensamiento, obsérvalo e intenta dejarlo pasar y vuelve a centrarte en la respiración.

Los pensamientos negativos son fugaces y temporales, salvo que nosotros hagamos por lo contrario. Un pensamiento no tiene otro poder que el que tú le das. Los pensamientos negativos ganan impulso cuando se activan, y está en nosotros la posibilidad de gestionarlos de forma diferente.

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