Paula Del Barrio

Paula Del Barrio. Pedagoga de ISEP Clínic Granada

Toca despertarse, ya ha sonado el despertador, nuestro cerebro empieza a funcionar, tenemos que levantarnos, miramos el reloj, calculamos el tiempo que tenemos antes de ir a trabajar, al colegio,… decidimos ir primero a la ducha antes que a desayunar. Mientras nos estamos duchando vamos pensando y decidiendo que ropa nos pondremos y recordamos que hoy no podremos ir en coche, tenemos que coger el metro y eso implica salir antes, tenemos que cambiar nuestros planes.

Esto es un ejemplo de un día cotidiano, en todo ello están implicadas las funciones ejecutivas y la atención. Pero… ¿qué son las funciones ejecutivas?

Son una serie de capacidades que nos diferencian de otras especies, son las que nos permiten planificar, organizar, tomar decisiones y controlar nuestras emociones. Gestionan muchas cosas a la vez: seguir instrucciones, leer, resolver problemas matemáticos, hacer deporte, resolver conflictos… Son habilidades básicas que utilizamos todos los días y nos ayudan a aprender durante toda la vida. Así que son una parte importante en la educación y se pueden reforzar.

Destacaremos entre todas, tres, las más estudiadas e imprescindibles según los expertos:

  • La memoria de trabajo (recordar información): es la capacidad que nos permite recordar y utilizar información importante. Es una memoria a corto plazo (temporal) que nos permite almacenar información para usarla cuando sea necesario (por ejemplo cuando estamos razonando, aprendiendo…)

  • El control inhibitorio (inhibir impulsos). Es la capacidad que nos permite parar y pensar antes de actuar. Nos permite ignorar los impulsos o una información, manteniéndonos en la tarea y estableciendo prioridades y metas.

  • Flexibilidad cognitiva (adaptarse a nuevas situaciones). Nos permite mantener o cambiar la atención cuando es necesario, dirigiéndola a las tareas más importantes y manteniéndola mientras estamos trabajando en ellas. Nos permite cambiar de enfoque rápidamente de una cosa a otra para adaptarnos en distintos entornos, actividades…

En cuanto a la atención, muchos autores no la consideran propiamente como una función ejecutiva y otros creen que la propia memoria de trabajo es concretamente atención. Es difícil encontrar una definición de ella porque intervienen en el proceso una gran variedad de factores. Podríamos entenderla como la capacidad que nos permite seleccionar y concentrarnos ante los estímulos que consideramos relevantes.

La psicología cognitiva establece tres tipos de atención:

  • Sostenida: capacidad para concentrarse sobre una actividad o estimulo durante un largo periodo de tiempo.

  • Selectiva: capacidad para concentrarse sólo en una fuente de información o en una tarea excluyendo distractores.

  • Dividida: capacidad para atender simultáneamente a varias actividades.

Si tenemos en cuenta el modelo neurocognitivo de Posner se proponen tres redes atencionales que sustentan las funciones de alerta, orientación y atención ejecutiva. En términos generales la alerta se relaciona con vigilancia y alerta tónica (capacidad de responder rápidamente a estímulos salientes y/o relevantes); la orientación implica tanto la orientación a estímulos que han sido seleccionados para ser procesados, como la habilidad de desenganchar la atención de un punto de focalización y re-orientarla a un nuevo foco de atención; y la atención ejecutiva se encarga de procesos de alto nivel, como resolución de conflicto, control inhibitorio, planificación y monitorización (Petersen & Posner, 2012).

La atención ejecutiva es la más importante desde el ámbito educativo, ya que permite a los estudiantes focalizar de manera voluntaria su atención evitando estímulos irrelevantes. Esto nos indica que existe una relación con las funciones ejecutivas, sobretodo con la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio.

Mejorar y reforzar estas capacidades es el objetivo de trabajo propuesto dentro del Grupo de Atención y Funciones Ejecutivas en Isep Clínic, donde se realizan actividades destinadas a este fin: simulaciones de clase, actividades de discriminación visual y auditiva, autoinstrucciones, percepción de diferencias, integración visual, objetos intrusos, rompecabezas, laberintos, adivinanzas, juegos de imitación, juegos de coincidencia, etc… Siempre intentando, en la medida de lo posible aplicarlas de una forma lúdica y divertida mediante dinámicas y juegos fomentando el trabajo cooperativo.

Referencias:

Petersen, S. E., & Posner, M. I. (2012). The attention system of the human brain: 20 years after. Annual Review of Neuroscience, 35, 73–89. doi:10.1146/annurev-neuro-062111-150525

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