Carmen espigares

Carmen Espigares Navarro. Psicóloga de ISEP Clínic Granada

¿Cómo conseguir que la hora de acostar a tu hijo no se convierta en una pesadilla?

Un niño puede negarse a ir a la cama por diversos motivos: miedo a la oscuridad u otro tipo de miedos, ansiedad por la posibilidad de sentirse alejado de sus padres o simplemente, porque prefiera quedarse jugando o viendo la televisión. De ahí que para muchos padres, la hora de acostar a sus hijos se convierta en una agotadora batalla.

Sin embargo, todos los niños deben tener una rutina y una hora medianamente fija para ir a dormir.

Para evitar o eliminar, si ya se han dado, estas dificultades nocturnas, te proponemos las siguientes orientaciones:

Decidir cuándo es el momento de ir a la cama

Se ha de decidir y haber comunicado previamente al niño la hora de acostarse y llevarlo a cabo con firmeza. Esto no significa que haya que ser absolutamente rígidos todos los días y en cualquier situación. Sin embargo, es importante que aunque en determinadas ocasiones podamos ser más flexibles con la hora, los niños se acostumbren a irse a dormir con una rutina horaria.

Fomentar hábitos para dormir

Las rutinas (o hábitos) son positivas para los niños porque les aportan seguridad. Ciertos rituales, como leer un cuento antes de dormir, o determinados objetos o juguetes, como una manta o un peluche, pueden facilitar la adquisición de estas rutinas. Eso sí, debemos limitar por ejemplo, el número de juguetes que el niño se lleva a la cama y no permitir que el tiempo para elegirlos se alargue.

Unos hábitos para dormir regulares ayudarán al niño a saber que el momento de acostarse se acerca. Para ello es importante:

  • Actividades o juegos tranquilos: las actividades que provoquen que el niño se encuentre muy activo un rato antes de irse a la cama, no lo preparan para ir a dormir. Una media hora – cuarenta y cinco minutos antes de acostarse, el niño debe encontrarse relajado. Aquí son buenas opciones la lectura, música, juegos que no requieran de actividad motora elevada, rutina de higiene… Los momentos previos a ir a la cama deben proporcionar al niño una sensación de calma y confort. Es de gran ayuda establecer ciertas señales que indiquen a los niños que el momento de acostarse se acerca. Para los más pequeños, podemos utilizar señales visuales. Por ejemplo, hacer un círculo en un papel o en cartulina y dividirlo en distintas secciones (el tiempo de juego, cena, hora de los cuentos, hora de acostarse…). Esto puede adaptarse en función de las rutinas de cada niño. En el centro del círculo colocamos una flecha con la que iremos indicando en qué sección nos encontramos. De esta manera, el niño empezará a planificarse mejor y con la práctica cada vez gestionará mejor sus tiempos.
  • No sólo los más pequeños necesitan hábitos: llevar una adecuada higiene del sueño es un aspecto clave a la hora de favorecer nuestro bienestar en todas las etapas de nuestra vida. Es por ello, que también los hijos más mayores pueden utilizar los momentos previos al descanso para conversar con los padres, planificar el día siguiente, leer, hacer ejercicios de relajación…
  • No alargar los rituales previos al momento de acostarse: si no se establecen tiempos para finalizar con las rutinas previas a la hora de dormir, este momento puede convertirse en algo interminable. Puesto que ya previamente se habrá acordado con el niño la hora de irse a la cama,hay que permanecer firme ante sus evasivas, y no dejarse convencer por frases como “un ratito más”. Si ceder ante sus peticiones se convierte en algo habitual, cada vez se hará más complicado instaurar unas pautas adecuadas. Se ha de anunciar de antemano, qué se leerá esa noche o de cuánto tiempo disponemos para jugar o ver la televisión.

Estrategias que facilitan que, una vez acostados, permanezcan en la cama

Algunos niños, una vez acostados, pueden levantarse de la cama con bastante frecuencia. Para evitar que esto se convierta en algo habitual, podéis emplear las distintas pautas:

  • Revisad que en su mesita de noche esté todo lo que pueda necesitar durante la noche: vaso de agua, una cajita con una linterna, su juguete favorito… De esta manera, aseguráis que no tenga que levantarse una vez acostado porque ha recordado que necesita cerca alguna de sus cosas preferidas.
  • Evitad las discusiones: En ocasiones, puede ser preciso aplicar consecuencias negativas si el hijo intenta salirse con la suya a toda costa. Las peleas o discusiones sólo alargaran más el momento de acostarse. Informadle de la pérdida de ciertos privilegios para el día siguiente, como por ejemplo, acostarse 20 minutos más temprano de lo habitual o ver menos rato la televisión.
  • Practicad con los hijos técnicas de respiración y relajación para que las adquieran y aprendan a emplearlas para incluirlas en su rituna. Podéis pedirles que cierren los ojos, permaneciendo tumbados y que intenten imaginar con toda su atención la historia que les vais a narrar. Ellos también pueden crear sus propias historias con las escenas que les ayuden a quedarse relajados.
  • Cuando lo que ocurre es que el niño se siente inseguro y preocupado alejado de la presencia de sus padres, podéis utilizar una sencilla técnica para la que únicamente necesitaréis un despertador. Colocadlo en su habitación y una vez acostado, comenzaréis programando el despertador para que suene al poco tiempo (unos 10 minutos). Tras ese tiempo, alguno de los padres irá a la habitación y reforzará al niño con un cumplido o un gesto de afecto, por haber permanecido ese tiempo en la cama. Gradualmente y reforzando positivamente cada éxito del pequeño, se irá alargando el tiempo que tarda el despertador en sonar.

Hablar con los hijos de sus miedos

La presencia de miedos y temores nocturnos es muy común en la etapa infantil. Muchos niños pueden evitar expresar lo que les asusta o inquieta durante la noche o el contenido de sus pesadillas, por vergüenza o por la angustia que les provoca el mero hecho de hablar de ello. Esto puede hacer que la ansiedad por tener que ir a la cama acabe provocando un verdadero malestar en el niño. Es por tanto importante que hablemos con ellos sobre esto, haciéndoles ver que todos tenemos ciertos miedos y preocupaciones y que la mejor manera de enfrentarlos es hablando de ellos. Intentaremos normalizar la situación haciéndoles sentir que son totamente capaces de hacerles frente y de dormir solos.

Ante todo, es esencial tener paciencia. Muchos niños toman el hecho de tener que ir a dormir como un castigo. Por tanto, además de ser pacientes es necesario explicarles por qué es importante acostarse a una hora razonable (y acorde a su edad). Para los hijos que no quieren dormir sólos, además haremos hincapié en que esto no es un castigo, sino un acto que implica independencia y madurez. De esta manera, les haremos saber que confiamos en ellos, lo que aumentará su motivación a la hora de afrontar esta situación.

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