Carmen espigares

Carmen Espigares Navarro. Psicóloga de ISEP Clínic Granada

El trastorno por estrés postraumático (TEPT) puede aparecer en personas que han vivido o presenciado algún hecho o experiencia impactante y traumática; o bien porque ha supuesto un intenso sufrimiento para la persona que lo manifiesta, o bien porque ha sido testigo de cómo lo han vivido otros. En algunos casos, se puede desarrollar este trastorno cuando se tiene conocimiento de cómo lo ha vivido un familiar o amigo cercano. Aunque es natural sentir emociones desagradables e incluso desbordantes tras haber vivido un acontecimiento traumático, no todas estas personas desarrollan el trastorno y, muchas, se recuperan de los síntomas de forma natural. Las personas afectadas por este trastorno se sentirán angustiadas o asustadas incluso cuando ya no están en peligro. En estos casos, es muy recomendable acudir a un profesional especializado que dote al individuo de las estrategias adecuadas para superarlo, ya que en la gran mayoría de ocasiones, altera la calidad de vida de quien lo padece, puesto que condiciona en gran medida sus hábitos, rutinas y todo tipo de relaciones interpersonales. En los casos más graves, puede conducir a estados depresivos y otros trastornos de ansiedad.

Para considerar un trastorno por estrés postraumático, los síntomas comenzarán a manifestarse a lo largo de los tres primeros meses posteriores al incidente o experiencia traumática en la mayoría de los casos, aunque en algunas ocasiones pueden aparecer de manera más tardía. Los síntomas deben mantenerse como mínimo durante un mes y ser lo suficientemente graves como para producir una interferencia en la vida de la persona.

Para que se cumpla el diagnóstico de trastorno por estrés postraumático, deben darse, al menos durante un mes:

  • Al menos un síntoma de re – experimentación del suceso: recuerdos angustiosos e intrusivos de la experiencia traumática, pesadillas sobre la misma y malestar psicológico intenso o reacciones fisiológicas asociadas a aspectos o factores que se parecen o recuerdan de algún modo el acontecimiento.

  • Al menos un síntoma de evitación: evitación o intentos por evitar pensamientos y sentimientos asociados al hecho traumático. También se pueden evitar elementos externos (personas, lugares, objetos, actividades, etc.) que activen recuerdos del suceso. Esta evitación puede modificar en gran medida el estilo de vida de la persona y las rutinas previas al acontecimiento. Por ejemplo, una persona que ha vivido un accidente grave de tren, puede evitar volver a usar este medio de transporte, a pesar de que ello suponga tener que usar otro medio más costoso y menos cómodo.

  • Al menos dos síntomas de hipervigilancia y reactividad: comportamientos irritables y arrebatos de ira así como acciones imprudentes y autodestructivas. Puede darse también una excesiva hipervigilancia así como una respuesta de sobresalto exagerada. Son recurrentes también alteraciones del sueño y problemas de concentración.

  • Al menos dos síntomas cognitivos y del estado de ánimo: pueden aparecer dificultades a la hora de recordar algún aspecto importante del suceso y es habitual presentar una percepción algo distorsionada de la causa o las consecuencias del hecho traumático que, en muchas ocasiones, origina que la persona se acuse a sí mismo o a los demás. El individuo que sufre trastorno por estrés postraumático desarrolla creencias negativas y exageradas sobre sí mismo, sobre los demás y sobre el mundo (“No puedo confiar en nadie”, “el mundo es un lugar muy peligroso”, “debo estar siempre preparado para lo peor”).

    Todo ello propicia la aparición y el mantenimiento de un intenso estado emocional negativo en el que es común experimentar tristeza, enfado, terror, culpabilidad, vergüenza…, lo que conlleva a la pérdida de interés por actividades gratificantes y, también al distanciamiento con los demás, propiciando que al sujeto cada vez le cueste más experimentar emociones gratificantes

¿Los niños lo viven igual que los adultos?

Las respuestas de los niños y adolescentes a experiencias traumáticas pueden aparecer de forma inmediata u ocurrir un tiempo después. Estas reacciones van a variar en intensidad e incluyen diversas manifestaciones; aunque algo que siempre es muy habitual es que el niño o la niña presenten una gran desconfianza y un acusado temor a que el suceso pueda volver a ocurrir. Cabe mencionar que las respuestas de los niños/as estarán fuertemente condicionadas por las reacciones de los adultos ante la situación traumática.

Algunos de los síntomas del trastorno por estrés postraumático en niños son:

  • Vuelven a aparecer comportamientos de fases del desarrollo más tempranas, como por ejemplo volver a orinarse en la cama cuando ya no lo hacían o chuparse el dedo

  • Se aferran a sus padres o cuidadores de manera exagerada

  • Aparicen miedos que antes no existían o no eran llamativos, como por ejemplo el miedo a la oscuridad o a dormir sólos

  • El niño efectúa movimientos sin rumbo o coherencia

  • Aparece una acusada hipersensibilidad que suele manifestarse mediante el llanto o gritos así como intensos estados de ira y de irritabilidad

  • Se dan pesadillas recurrentes y dificultad para dormir

  • Comienzan a presentarse comportamientos de retraimiento y se muestran ante los demás de manera reservada

  • Constantes quejas en cuanto a su estado físico (dolores de cabeza y de barriga, mareos, cansancio…)

  • Dificultad para concentrarse

  • Pérdida de interés para realizar actividades divertidas que antes sí disfrutaban

Los síntomas en adolescentes suelen manifestarse de la siguiente manera:

  • Evitan recordar la experiencia traumática

  • Pesadillas y dificultad a la hora de dormir

  • Reviviscencia del acontecimiento traumático (“flashbacks”)

  • Quejas somáticas

  • Conductas imprudentes y autodestructivas (consumo de alcohol, drogas, fracaso escolar, etc.)

  • Comportamientos disruptivos

  • Aparición de sentimientos de culpa o venganza

  • Aparición de pensamientos suicidas

  • Pérdida de interés en actividades de ocio

Tratamiento del trastorno por estrés postraumático

Como ya he mencionado anteriormente, no todo el que pasa o vive muy de cerca un suceso traumático desarrolla este trastorno. De hecho, muchas personas se recuperan sin necesidad de una intervención. En los casos contrarios, será necesaria la intervención de profesionales de la salud mental para ayudarles a superarlo. Aunque cada persona es diferente y este trastorno no tiene por qué afectar de la misma manera a quienes lo sufren, los tratamientos más efectivos a la hora de tratarlo son el psicológico, el farmacológico o una combinación de ambos. Además se ha demostrado que el apoyo de familiares y amigos constituye una parte importante en el proceso de recuperación.

Dentro del tratamiento psicológico, la investigación pone de manifiesta que una terapia eficaz para este trastorno incluye: técnicas cognitivo – conductuales, terapia de exposición, entrenamiento en inoculación del estrés, entrenamiento en relajación, optimización de los apoyos sociales y afectivos, desarrollo de habilidades de afontamiento y grupos de ayuda.

La medicación siempre ha de estar prescrita y supervisada por el médico y normalmente se recomendará en combinación y como apoyo al tratamiento psicológico.

Si usted cree que puede estar pasando por este proceso, no dude en solicitar ayuda profesional. Todos podemos trabajar en el presente para curarnos del pasado y poder disfrutar el futuro En Isep Clínic Granada te ayudamos a hacerlo.

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