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Rocío Pérez Lobato. Psicóloga de ISEP Clínic Granada

¿Te cuesta decir no? ¿Sueles sentirte agobiado por hacer lo que los demás te piden cuando no es lo que tú quieres? ¿Tus compañeros de trabajo o amigos te exigen cada vez más y no sabes ponerles límites? ¿Acabas asumiendo responsabilidades que no te corresponden? Si la respuesta es sí, puede que lleves un tiempo dejando a los demás que opinen por ti, que te digan lo que tienes que hacer y que en muchas ocasiones se aprovechen de ti. Quizás ha llegado el momento de poner fin a esto y empezar a hacerte respetar, es decir, que el resto de personas con las que te relaciones te reconozcan y te valoren como igual, y acepten tu visión y opiniones del mundo. El respeto mutuo es la base de las relaciones sanas.

Algunas claves que pueden ayudarte a establecer estos límites:

1. Desarrollar nuestro amor propio

Es necesario desarrollar una conciencia de la propia valía. Necesitas hablar bien de ti, focalizar tu atención en lo que sumas, en lo que eres capaz de lograr, teniendo en cuenta tu historia de éxitos. En muchas ocasiones si los demás perciben que no nos tratamos a nosotros mismos con respeto van a interpretar que ellos también pueden hacerlo.

La aceptación de los propios errores, de poder cambiar de opinión, de tomar decisiones ajenas a la lógica, a decir “no lo sé” cuando no tengas una respuesta ante algo, o a decidir si quieres hacerte responsable o no de los problemas de los demás, te llevará a ser tu propio juez.

2. Comunicarnos de una forma asertiva

Respetar y expresar aquello que necesitas, sientes y piensas y obrar en consecuencia, sin pasividad o agresividad. La persona sumisa, que permite que la humillen, suele relacionarse con personas que aprovechan esta debilidad suya, con los autoritarios y manipuladores, porque son la diana perfecta para proyectar sus malas formas. Mantenerse en un punto intermedio, sin dejar la generosidad o amabilidad a un lado, para ganarse el aprecio y el respeto, no siempre es tarea fácil porque la personalidad no se cambia de un día para otro. Para ello:

  • Observa y valora los hechos sin juzgar
  • Identifica y expresa tus sentimientos y céntrate en ellos en lugar de hacerlo en base a lo que interpretas de los actos de los demás. Por ejemplo:“Me siento solo” describe una experiencia emocional tuya, mientras que “Siento que no me quieren lo suficiente” es una interpretación de los sentimientos de la otra persona, y como tal puede estar equivocada.
  • Haz una petición activa y concreta: expresa de la forma más específica posible lo que quieres o la idea que quieres expresar.

 

3. Saber decir “no”, con amabilidad pero con firmeza

Las negativas deben hacerse de forma suave, pero con la suficiente firmeza como para dejar clara nuestra postura y establecer los límites que sean necesarios. La razón por la que más nos suele costar expresar un “NO” es por el miedo al rechazo o al sentimiento de culpabilidad, y por dejarnos llevar por la creencia de que tenemos que agradar a todo el mundo.

4. Asumir que no eres responsable de lo que sientan o piensen los demás

Muchas veces no decimos lo que pensamos. Estamos más pendientes de la reacción que se puede generar en el otro, las consecuencias que eso puede ocasionar en mí y el miedo a quedarnos indefensos ante una respuesta que creo no sabremos gestionar. Pero el problema es ese, no tenemos que gestionar las emociones del otro sino las nuestras, y si no actuamos de una forma respetuosa expresando nuestras necesidades, nadie lo hará. Una cosa es preocuparnos por los demás, tratando de ayudarlos en todo lo que podamos, y otra diferente es empatizar con ellos hasta el punto de que hagamos propios sus sentimientos. Si optamos por actuar continuamente teniendo en cuenta solo los sentimientos de los demás, ignorando los propios, nos convertiremos en dependientes emocionales, haciéndonos responsables de sus conductas.

5. Ser coherente y asumir responsabillidades

Establecer compromisos con uno mismo y cumplirlos es una de las partes más difíciles y necesarias para aprender a respetarse. Los compromisos tienen que suponer una meta alcanzable, que te motive y a su vez debe depender de uno mismo, de tus actos y decisiones, pero no de terceros. Valorarás lo que eres capaz de conseguir, y por otro lado transmitirás la imagen hacia los demás de una persona que intenta llevar a cabo lo que se propone.

Estas son sólo algunas pautas que podemos tener en cuenta para relacionarnos con los demás de una forma respetuosa. En ISEP Clínic Granada podemos orientarte y/o ayudarte a conseguir este objetivo.

Steve Jobs: “Su tiempo es limitado, así que no lo desperdicie viviendo la vida de otra persona”.

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