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Celia López Sánchez. Psicóloga de ISEP Clínic Granada

 

La llegada a casa de un recién nacido provoca inevitables cambios en la relación de pareja. Además de un aumento de las tensiones generadas por la inexperiencia, expectativas y la ansiedad que produce, encontramos que la pareja cambia para convertirse en una relación de tres.

La atención que antes se dedicaban mutuamente, ahora es desviada al nuevo protagonista de la casa. Esto implica crear nuevos términos en la relación de pareja, ya que la situación es altamente demandante.

Aún cuando se trata de un hijo deseado, no todas las parejas se recuperan de la crisis que supone esta reacomodación.

Los padres de un recién nacido se encuentran solos, en circunstancias complicadas. Las demandas generadas por el bebé, el dolor y vulnerabilidad que siente la madre, más el cansancio por la falta de sueño, llega a ser totalmente extenuante. En esta fase, la convivencia puede resultar tan problemática que haga inviable el permanecer juntos.

Es esencial el respeto y comunicación para el apoyo y autocontrol que van a ser necesarios frente a la avalancha de sentimientos ambiguos que van a existir.

Los momentos de intimidad serán requeridos para compensar el descenso de la vida sexual.

Las mujeres viven una etapa de fusión con el bebé, con una alta sensibilidad y conflictos internos acerca de sus relaciones sociales. Frente a toda esta atención que la mujer proporciona al recién nacido, en ocasiones los hombres optan por retirarse, de forma real o simbólica, apareciendo incluso sentimientos de celos hacia el hijo y la incredulidad y negación hacia aquello en lo que se ha convertido su pareja. Pueden sentirse rechazados y desplazados. Incluso cuando el padre participa activamente en los cuidados y crianza del niño, hay algunas mujeres totalmente focalizadas en su rol de madre (debido al ideal materno que se ha favorecido típicamente hacia el género femenino), por lo que también pueden generarse conflictos.

Una buena relación de pareja es necesario después de la llegada del bebé, de forma que no pasen a ser sólo padres. Si la pareja se encuentra emocionalmente estable, proporcionaremos al niño un ambiente seguro para crecer.

Mantener la comunicación fluída, sincera y abierta, apreciando los logros y los miedos asociados. Para ello, es importante buscar momentos donde dejar de ser padres para convertirnos nuevamente en confidentes, amigos y amantes.

Sin embargo, si la situación resulta demasiado desbordante y no se ven capaces de afrontar todos los cambios que se han generado, será necesario que consulten con un especialista al respecto.

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